septiembre 8

Mi enfoque terapéutico como psicólogo

A nivel profesional mi enfoque es integrador, pero esto no fue siempre así. Al comienzo de mi carrera me especialicé en Terapia Cognitivo-Conductual, corriente psicológica que tiene en cuenta principalmente el plano de la mente, el contexto del sujeto  y el comportamiento. El objetivo de este tipo de terapias es abordar el síntoma (ansiedad, estado de ánimo decaído, adicciones) y enseñar estrategias para aprender a manejarlos de manera más efectiva. Sin embargo, conforme fui desarrollándome profesionalmente como psicólogo descubrí que la evidencia científica comenzaba a ofrecer formas de intervenir a nivel psicológico más profundas y eficaces a largo plazo, como es el enfoque integrador. Este enfoque tiene en cuenta la mente, el contexto del sujeto y el comportamiento, pero también las emociones y el cuerpo (la importancia de tener en cuenta por ejemplo la conexión entre el sistema digestivo, el nervioso y el hormonal). Ofrece técnicas y teorías de otras  importantes corrientes psicológicas como el Humanismo, la Terapia Sistémica y el Psicoanálisis, además de la Terapia Cognitivo-Conductual, para ajustarse a la persona que acude a terapia y a su problemática,que no sea ésta quien tenga que adaptarse a la forma de trabajar del terapeuta. Concretamente me he formado en técnicas como «El sistema interno de las partes» (también conocida como “Terapia del Self”), para acompañar a la persona en la integración de aquellas experiencias o partes emocionales que no han podido ser vividas desde un lugar seguro en el pasado, pero que en la actualidad le generan problemas. Enfoco mi intervención detectar si ciertas conductas o estrategias que aparecen en el presente y te ocasionan problemas, en un momento del pasado pudieron ser  necesarias para adaptarte a tu situación, y te ayudo a crear un vínculo compasivo con contigo mismo, para que puedas comprender por qué actúas, piensas o sientes de determinada manera en ciertas situaciones,  y así entiendas qué te pasa y sepas gestionarlo de una manera más consciente y proactiva.

Por otro lado, en el último tiempo me he formado en heridas emocionales y trauma, pues en mi experiencia profesional he podido comprobar que son muchas las personas que en el presente están condicionadas en gran medida en la forma en que experimentan sus relaciones personales (miedo al rechazo, al abandono, la infidelidad…) o la idea que tienen de sí mismas o del mundo, por experiencias traumáticas que han vivido en el pasado. Y es que una experiencia traumática no son solo accidentes o catástrofes terribles, si no cualquier situación que haya sobrepasado tu capacidad de integrar lo ocurrido, y que

tienen el efecto de conformar a partir de ese momento, el modo en el que tienes de experimentarte a ti mismo y al mundo, y que de algún modo pasan a tener un papel central en tu vida, porque se hacen presentes cuando tratas de enfrentar otras situaciones de la vida que no están directamente relacionadas con el trauma, impidiendo que lo hagas de un modo satisfactorio. Ejemplos de ello son haberte sentido abandonado/a en lo emocional, haber pasado mucho tiempo solo/a, experiencias de rechazo, insultos. 

Las consecuencias que provoca una experiencia traumática en  tu sistema nervioso afectan a diferentes partes de ti y de tu vida, como por ejemplo en tu modo de pensar sobre tí, y tras la experiencia traumática quizá te veas como alguien poco capaz, indefenso o insuficiente. También puede afectar en tu forma de experimentar las relaciones, y que comiences a vivirlas desde el miedo a ser rechazado, que te abandonen o que te sean infieles. La experiencia traumática  siempre deberá ser trabajada teniendo en cuenta otras variables como lo biológicas, socioeconómicas y circunstancias personales, pues tu modo de pensar, sentir y actuar también está determinado por éstas.


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