septiembre 8

¿Qué se puede conseguir iniciando un proceso terapéutico?

1)Integrar tu historia personal en el presente:

No podemos cambiar nuestra historia, pero sí aprender a entenderla, y a interpretarla desde el presente. 

Comprender nuestra historia y cómo la vivimos, puede ayudarnos a entender algunas de nuestras reacciones del presente ante determinadas situaciones, algo que nos permitirá regular nuestras emociones, y que nuestro pasado no nos domine.

En terapia podrás encontrar un sitio seguro:

  •  Donde explorar tu historia.

  • Comunicar y modular tus sentimientos difíciles.
  • Estrategias para acceder a experiencias negadas o disociadas, que no han sido/que no pueden ser puestas en palabras.
  • Un  vínculo en un contexto, dentro del cual paciente y terapeuta, pueden interpretar dichas experiencias.
  • Estrategias para expresar sentimientos, pensamientos e impulsos y reflexionar sobre ellos.
  •  Capacidad para desarrollar competencia narrativa sobre tu historia, lo que contribuirá a orientar en una dirección más reflexiva tu actitud ante tu experiencia, aportándote una identidad más coherente y segura.
  • Nuevos modelos de regulación afectiva y de pensamiento.
  • Transformar la manera de vincularte con tu propia realidad externa e interna.

2)Ahorrar y redirigir tu energía física, mental y emocional:

  • Tendemos a funcionar en piloto automático , lo que implica que a menudo no somos conscientes de en qué usamos nuestra energía en el día a día. Por ello es necesario aprender a prestar mayor atención al momento presente y a conectar con uno mismo, para tomar conciencia de en qué invertimos nuestra energía y nuestro tiempo.
  • Muchas veces la cuestión no es que no tengamos suficiente energía, sino cómo la estamos utilizando.

3)Entender qué te pasa, por qué, y aprender estrategias para  aprender a gestionarlo:

  • Las emociones pueden ser agradables o desagradables, pero todas ellas aparecen para informarnos de algo. Las desagradables concretamente, son las que más nos resultan complicadas de gestionar, pues sin darnos cuenta desarrollamos mecanismos de defensa, como negarlas, minimizarlas, o proyectarlas sobre otros, pero con un  alto coste emocional, pues estas estrategias a pesar de que parcialmente nos protegen, paradójicamente agravan la situación, y acaban traduciéndose en más ansiedad,  rabia, tristeza o impulsividad.
  • Es fundamental pararse a observar cómo nos sentimos, por qué motivo, y qué necesidades nos están tratando de indicar esas emociones (protegernos, plantearnos cambios en nuestra vida, pedir ayuda, aceptar ciertas situaciones…). De esta manera, entenderemos que ese dolor es una fuente de información valiosa, la cuál nos puede servir de guía para responder de una manera más eficaz, tanto a la hora de gestionar nuestras emociones, como de resolver problemas en nuestra vida cotidiana.

4)Pasar a la acción:

  • Una vez estés atendiendo el punto anterior, será más fácil pasar a la acción, y entender, por ejemplo, por qué postergas ciertos asuntos. Esto puede llevar a que por fin hagas cosas que llevabas tiempo queriendo hacer, o a que simplemente decidas libre y conscientemente no hacerlo, porque no es realmente lo que deseas.


Mi enfoque terapéutico como psicólogo

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